
Me acaricia el otoño, me llama el invierno. El aire huele a despedida, el monótono rumor de las hojas anestesia mi alma. Gotas gruesas de lluvia se deslizan por mi cara impidiendo que se sepa si me brota alguna lágrima. Viajo al borde del abismo que hasta las sombras me arrastra Me convoca cada puente, antesala del vacío, preámbulo de la nada. Y me rindo ante la noche mientras que, el sol, ya se apaga. Así, con mi alma dormida, una extraña paz me embarga. Sé que no me queda tiempo, la oscuridad me reclama. Debo alcanzar la otra orilla antes de que rompa el alba. Ya no me asusta entregarme al invierno que me llama. © JJ 2015 |
